Al principio creían descifrar la verdad, hasta que reconocieron que las ciencias apenas si enunciaban interpretaciones. Asimilaron el vértigo, porque al final cambiaban las miradas pero no lo mirado. Otro fue el cantar cuando alguna madrugada sin nubes, un astrónomo observó que la ciencia no mutaba de ojos, sino que cada teoría paría un mundo. Ahí entendieron que en lugar de lectores eran demiurgos. Todavía tratan de asumir el desquicio de ir saltando de un universo a otro.