El cardenal prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos —teólogo, filósofo y matemático de fuste—, después de un exhaustivo análisis teológico, concluye que solo la totalidad es compatible con lo absoluto y, por lo tanto, el concepto de Dios inevitablemente incluye el infinito. A partir de esta premisa, procede a una rigurosa evaluación probabilística, y concluye que ahí donde hay un infinito, en el mejor de los casos, el concepto de milagro adquiere un valor apenas estadístico y, en consecuencia, anecdótico. Finalmente, luego de encarar una pormenorizada reflexión filosófica, concluye que definir el todo a partir de lo anecdótico implica un reduccionismo que, lejos de ratificar la idea de Dios, atenta contra la esencia divina. Ergo —acepta el cardenal prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, resignado frente a la omnipotencia del Señor— se acaba de quedar sin trabajo.