Eficiente y pragmático, el gerente de logística no es dado a las amistades ni las terapias. Sin embargo, a veces le pican algunas cosquillas que no refieren a la optimización de recursos ni a la mejora de procesos. A veces le pican las cosquillas de un amor cuya curva de crecimiento se ameseta, o alguna tristeza que, impertinente, le genera un cuello de botella en el flujo de experiencias gratificantes. En esos casos suele hablar con Gómez, su empleado de mayor confianza: un contador experto en elusión impositiva e inversiones financieras. Las charlas proponen numerosos matices, aunque el cierre, en manos de Gómez, aporta esa cuota de sensatez que el gerente reclama. Puede variar en la fórmula, aunque su fondo es siempre el mismo y es más o menos el siguiente:
⠀⠀⠀—No se haga problema, jefe. Lo que no se puede medir no existe.