Search this site
Embedded Files

Brevedades

de Santiago Ambao

Sobre las Bellas Ciencias

Los rigores geográficos o la desidia mantuvieron la comarca alejada de los vaivenes del mundo. Casi ningún viajero la visitaba, y los comerciantes de sucesivas generaciones desestimaron la idea de incluirla en sus rutas. Como sea, por un extraño azar o una inverosímil influencia racionalista, a mediados del siglo pasado, los científicos de la comarca consensuaron que el éxito de una teoría no dependería de su eficacia predictiva, sino de su elegancia. Y debe entenderse aquí por «elegancia» una belleza discreta, sin estridencia, económica en sus recursos, precisa en sus enunciaciones. Pero sobre todo susceptible de abrir campos de vivencias antes obturados, de sembrar interpretaciones fecundas del mundo. Para aquel pueblo, los científicos reinventaban la realidad y proponían experiencias imprevistas y deslumbrantes.

⠀⠀⠀Amanecer tras arduas discusiones entre matemáticos y astrónomos en un Universo curvo, cuyo tejido se componía de tiempo y espacio, impactó en su aquí y ahora: de hecho, demolía el «ahora», reduciéndolo a un fenómeno local, incluso anodino. Derogada la física clásica, el tiempo se les hizo un desconcierto. Algo similar sucedió poco después, con el descubrimiento del flogisto. Un elemento carente de peso, imposible de ser aislado, pero de una importancia central para el equilibrio del Cosmos, les enseñó que los motivos eran indescifrables. A la imposibilidad del presente se les sumó la evanescencia del pasado. 

⠀⠀⠀A partir de este paradigma, los artistas, que durante siglos habían ocupado el centro de atención, cayeron en el descrédito: condenados al fugaz imperio de lo posible, los pintores y los músicos y los poetas fueron triturados por sus limitaciones. Durante algunas décadas se empecinaron en practicar su oficio con entusiasmo, pero al final les ganó la melancolía. Cualquier arte se redujo a la puesta en marcha de ciertas técnicas cuyo resultado, en el mejor de los casos, eran piezas divertidas.

⠀⠀⠀Sin embargo, los filósofos se llevaron la peor parte. Escribían en la clandestinidad, motivados por obsesiones que sus congéneres consideraban irrelevantes, cuando no perniciosas. En su autoimpuesto rol de mediadores entre el vértigo de la ciencia y el pragmatismo del arte, se volvieron parias sin raíz ni destino.

SiguienteAnteriorÍndice
Google Sites
Report abuse
Page details
Page updated
Google Sites
Report abuse