Esa tarde sintió algo extraño al verla. Como si no fuera ella. Sin embargo se movía por la casa con tanta naturalidad, lo miraba con una ternura que a él le parecía tan difícil impostar, que optó por el silencio. La vigilaría de cerca, le haría creer que lo había engañado. Fingiría una convivencia sin sospecha.
⠀⠀⠀Han pasado ya tantos años de aquella tarde. Ahora él sabe que no es su esposa. Hay detalles que a un hombre despierto no lo toman desprevenido: la tos seca a la mañana temprano, las cosquillas en el costado izquierdo —un poquito abajo del pecho—, la pasión por el chocolate amargo. Y la forma de mirar: con esa complicidad lejana, como si a ella también le hubieran cambiado el marido, como si pudiera entenderlo, como si le doliera esa distancia leve aunque infranqueable que desde hace años los separa.
⠀⠀⠀En el fondo, él siente pena por ella. Le atormenta creer que ha irrumpido en su vida para ocupar el lugar de otro. Hace años que, a causa de esta sensación, le cuesta conciliar el sueño.