El autor sin siquiera desprestigio ha escrito sobre futuros que nunca serán y pasados místicos y presentes absurdos; sobre épicas rengas y personajes que enfrentan monstruos y sobre monstruos y milagros torcidos. Su editor —que desearía que el autor alcance aunque sea algún desprestigio— le propone que hablé sobre él y su propia historia, porque los lectores de hoy quieren eso: una literalidad hecha carne. El autor sin siquiera desprestigio, al que la mera idea de enunciarse lo siembra de bostezos, sabe que —como todo autor— nunca ha hablado de otra cosa que de sí mismo: ni cuando narró futuros que nunca serán ni pasados místicos ni presentes absurdos ni épicas rengas ni milagros torcidos. Y le dice a su editor que sí, que claro, que hace rato viene trabajando en eso.