El hombre se ve envuelto en una riña: mata y huye. Para evadir a la autoridad se rasura el bigote compadrito, cambia su forma de vestir, se distancia de sus amistades y hasta imposta un acento sureño. Pero sabe que el disfraz debe ser completo: por eso se muestra como un hombre de paz, de diálogo; un hombre afable y comprensivo. Algunos días extraña el bigote, su vieja forma de vestir, su acento natal, sus amigos de antes y sus mañas; entonces le tienta pensar que los jueces y los gendarmes tal vez lo hayan olvidado. Pero la prudencia siempre gana y, resignado, envejece. Al final muere: sin bigote, sin su vieja forma de vestir, sin las mañas.
⠀⠀⠀Esta vez, el Estado ha cumplido con su deber.