Acabar con la periferia, con el afuera, con lo ajeno. Eso quiere el autor. ¿Para qué mirar cuando puede ser mirado? Le pesa la ficción, porque lo desplaza. Quiere gritar que es un grito y quiere más aún: que sus lectores lo griten. ¿Por qué inventar un mundo cuando puede ser El Mundo? Hacerse texto, eso quiere el autor. Ser centro y ombligo: borrar la periferia. Gritar que es un grito y que sus lectores lo griten: con euforia y fascinación.